Anécdotas de cibercafe ―No hables si no quieres que te humillen―.

Hace solo unos días, un joven de bachillerato llegó a mi negocio, para imprimir algunos documentos. Lo atendí cordialmente para que se sintiera cómodo. El chico, que no pasará de los 18 años me preguntó: “¿Es nueva su computadora?” a lo que yo respondí: “No, ya tiene 6 años conmigo”.

El joven puso cara como de desagrado y me pidió que le devolviera su memoria porque a él no le gustaba trabajar en carcachas como la mia. Que él estudia el quinto semestre de informática en el CBTis y sabe que las computadoras se tienen que cambiar si o si cada dos años.

Siendo sincero con ustedes queridos lectores, me reí de él y le dije: “¿Quieres probar? Te puedo asegurar que en esta computadora puedo hacer más cosas que las que tu haces en la tuya”. El muchacho se rió de mi, e intuyo que pensaría algo como «¿Tú que sabes pobre imbécil?» pero, los que tenemos experiencia en este mundillo sabemos de lo que hablamos. Y no es que sea un gurú, que no lo soy, pero cuando aseguro una cosa es porque realmente la sé.

“Eso no es cierto, te apuesto a que mi laptop es superior a tu máquina”. Su confianza era plena, lo supe por su forma de mirarme. Entonces yo le contesté: “Ok, si tienes confianza, hagamos una apuesta. Trae tu portátil y vemos las cosas que podemos hacer; si tú ganas, te llevas las impresiones gratis; si yo gano, te cobraré el doble. ¿Aceptas?”. El chico aceptó de inmediato seguro de su victoria: “Acepto, ahorita vuelvo para que veas”.

Pasaron cerca de veinte minutos, tiempo durante el cual pensé que ya no volvería y que se habría ido a otro lugar a sacar sus impresiones, pero estaba muy equivocado, al parecer, la tentación de impresiones gratis era más poderosa.

Llegó con su flamante portátil. Una HP Pavilion 14-e010la, con 4 GB DDR3 de RAM, procesador i3 de 2.4 GHz, disco duro de 750GB y Windows 8. De lo mejorcito que ofrece la compañía. En cambio, yo con mi humilde Dell Dimension 9200 del año 2006, con 4 GB DDR2, procesador Core 2 Duo de 2.13 GHZ, disco duro de 320Gb y Xubuntu, no es que tenga el equipo más poderoso del universo.

El chico encendió su máquina y esperamos a que iniciara, lo cual tardó cerca de tres minutos a la espera de que el escritorio terminara de cargarse (benditos ares, antivirus, y demás fauna). El joven cambió de modern UI al escritorio clásico porque «le gusta más el otro» (en eso le di la razón).

“¿Ves? Mi máquina está bien rápida”. Me dijo. Yo lo miré y me reí, no con la intensión de burlarme de él, sino de lo mal que enseñan en el CBTis de mi localidad. Entonces, fue mi turno para hacer mi demostración.

Apagué mi equipo y esperando unos cuantos segundos la volví a encender, entre que encendí, puse mi contraseña y se cargó el escritorio, no pasó más de un minuto, pese a que tengo en la misma máquina un servidor web, un servidor de impresión, virtualbox con windows XP corriendo y bastantes otras cosas que se inician junto al sistema operativo para gestionar mejor mi negocio.

“¿Cuál es la rápida?” le pregunté. El chico se quedó como diciendo «¿Y este qué hizo?». “¿Cómo le haces? Mi compu es más nueva, la acabo de comprar hace poquito”.

Me reí nuevamente y le dije: “Chico, eso se logra cuando sabes usar la computadora. Si tú supieras la mitad de lo que yo sé, tu máquina sería un monstruo al lado de la mia”.

Él me miró unos segundos, como pensando en qué decirme: “¿Y qué sistema usas? ¿XP?” se volvió a burlar. Pero yo respondí: “XP solo lo uso en una máquina virtual. Yo uso un sistema casi igual de nuevo que Windows 8, solo que es diferente”. Cuando me preguntan, siempre tengo la costumbre de dejarlos en suspenso para que vuelvan a preguntarme y entonces dejarles caer el golpe.

Me preguntó: “¿Y cuál es?”. A lo que yo respondí: “Linux”. El muchacho se quedó con cara de no saber lo que dije. Lo que es normal. La mayoría de la gente no sabe que existen otros sistemas operativos además de Windows. Incluso hay gente que cree que las Mac usan un Windows diferente. “Más específicamente una distribución de Linux que se llama Xubuntu” terminé de explicarle. “No te creo” me dijo con desconfianza.

Le mostré mi escritorio, donde tengo conky activado monitoreando toda la actividad del sistema. Incluso le mostré el monitor del sistema para que viera qué sistema operativo y versión estoy utilizando. El muchacho se quedó con cara de imbécil viendo mi monitor.

“Pero en tu compu no tienes las cosas que yo tengo en mi máquina”. Me mostró la enorme cantidad de programas que tenía instalados en su disco duro, y yo le pregunté: “¿Y cuántos de esos usas a diario?”. No supo darme respuesta.

“Niño, si tú supieras la cantidad de programas que tengo corriendo en esta máquina a la vez, te quedarías con la boca cerrada y no hablarías como lo has hecho todo este rato. Además, si tu máquina es tan «chingona» ¿Por qué es tan lenta?” Me di cuenta de eso cuando inició el escritorio. “Mi máquina ya tiene 6 años y sigue tan rápida como el primer día de uso. Es más, ni siquiera he formateado en dos años ―En realidad formateé hace tres y medio―”.

Para no hacer el cuento muy largo, diré que ese día cobré al doble más de 50 impresiones.

Un comentario sobre “Anécdotas de cibercafe ―No hables si no quieres que te humillen―.

  1. Escribes muy bien. Me gustó tu historia, yo soy jefe de una biblioteca, donde hay computadoras para consulta del acervo digital, internet, y trabajos que los chavos hacen, desde que me contrataron en éste trabajo cambié todo por linux mint, es más algunos coordinadores usan linux mint con el entorno de XP y ni se han dado cuenta, sólo saben que su máquina es más eficiente. Saludos.

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