Anécdotas de cibercafé 5

Actas de nacimiento.

Llega un grupo de hombres de distintas edades, uno de ellos a tramitar su preafiliación al IMSS, otro a imprimir su CURP y el otro a ¡tramitar su acta de nacimiento!

Con total facilidad hice los primeros dos trámites, pero el tercero fue una odisea explicarle que en un cibercafé no es posible hacer tal cosa, que era más fácil ir al registro civil y pedir su acta allí.

Señor del acta: Pero es que es más fácil aquí, porque en el registro me cobran como $400.00 por la hojita.

Yo: Pues la única manera que sé para tramitar un acta de nacimiento por internet es con compañías privadas, y esas cobran de $500.00 para arriba, y encima se tardan como mínimo 15 días en entregar el papel, porque lo envían por correo normal.

Señor del acta: ¿Pero si se puede no?

Yo: Si señor.

Señor del acta: pos tramíteme una, no sea gacho.

Yo: le repito que es más fácil hacerlo en el registro civil.

Señor del acta: pero es muy caro.

Yo: y más caro le sale si la solicita por internet, además de lo que se va a tardar en llegar.

Señor que lo acompaña: No seas pendejo wey, el joven te está explicando que es más difícil y sigues de aferrado. Ya vámonos pa’l registro civil, a ver si ahí te aguantan. Todavía que quieres entrar a trabajar, y no traes tus papeles. Pinche vato pendejo.

Las que piden tiempo libre y luego salen con que querían media hora.

Llegaron dos chavas a mi negocio (bastante gachas las dos debo agregar), que ya habían venido en ocasiones anteriores.

Chava 1: ¿Tienes computadoras?

Yo: (¡Nooo… que va si son ilusiones ópticas!) Si.

Chava 2: ¿A cuanto da la hora?

Yo: $20.00

Chava 2: Ok, queremos tiempo libre.

Total, me voy a encender dos de mis máquinas y les inicio la sesión, las morras se sientan y se pasan la siguiente hora sentadas. De pronto una me pregunta:

Chava: ¿Tiene impresiones?

Yo: Si

Chava: ¿Puedo imprimir?

Yo: (el capitán obvio ataca) Claro.

Manda a imprimir 9 páginas mal hechas de un trabajo para la escuela, seguramente de secundaria. Las tipas se levantan de sus asientos y me pregunta una de ellas:

Chava 1: ¿Cuanto es?

Yo: Por el internet, son $40.00, por las impresiones son $18.00 (cobro a $2.00 la impresión). En total son $58.00.

Chava 2: Oiga ¿Por qué tan caro?

Yo: Tengo que paga luz, teléfono y el tóner de la impresora.

Chava 2: ¡Pero si nomás pedimos media hora de internet!

Yo: No mija, pidieron tiempo libre y además imprimieron 9 hojas.

Chava 1: Es que nomás traigo $40.00

Yo: El trabajo ya está hecho, no puedo dejarte las impresiones así como así.

Chava 1: Bueno, ahorita le hablo a mi primo para que me traiga el resto ¿Cuanto serían?

Yo: $18.00

El caso es que la chica sacó su celular y marcó (seguramente a su “primo”), se salieron de mi local y se sentaron en la banqueta frente a mi local.

Yo cierro a las 9:00 P.M. Y casi eran las 9:30 cuando salgo y les pregunto:

Yo: Oye morra, ¿Me van a pagar si o no? Porque tengo que cerrar.

Chava 1: Ya le hablé a mi primo, ya viene.

Yo: OK

Pasaron alrededor de 15 minutos y el primo que no llegaba. Y en un descuido mio, una de las chavas desapareció. Por fortuna, alcancé a detener a la del primo.

Total que al rato llegó el primo acompañado de otro tipo y por fin me pagaron, no sin antes darme un sermón de que gandalla era.

Primo: Pinche vato gandalla. A donde vamos nos cobran la mitad que aquí.

Yo: ¿Y porqué no van allá? Si dices que pagas menos.

El caso fue que los mandé a la porra y les pedí que no volvieran a mi negocio.

Hasta el momento no han vuelto el par de chavas mala paga.

El que pone vídeos y hace otra cosa.

Estos más que molestos, son chuscos.

Llega el tipo, me pregunta si tengo máquinas disponibles (con el local vacío). Lo pongo en una máquina y el tipo abre youtube, pone un vídeo musical y luego, en otra pestaña (al menos sabe usar las pestañas) abre facebook y luego se pone a buscar imágenes en google. Y así se pasa una hora completa, cambiando de vídeo en vídeo mientras hace otras cosas.

Y mi único pensamiento es “¿No sabe que la música ocupa menos ancho de banda que el vídeo?”

El flatulento.

En un ciber que se precie, nunca debe faltar el típico pedorro, y es que estos personajes son… ¿cómo explicarlo?… pedorros que dejan perfumado el local por espacio de media hora, mientras la gente que entra se va espantada por el nauseabundo olor del lugar.

Hoy me ha sucedido eso mismos. El tipo que entró, a parte de caminar y hablar como si él fuera el único ser humano sobre la tierra, al poco tiempo de sentarse frente al monitor, soltó un gas, de esos silenciosos que luego hacen llorar los ojos.

Todo el mundo volteando a ver y el sujeto riéndose como si fuera lo más gracioso del mundo.

Viendo que el comportamiento del pedorro podría espantar a los clientes, lo único que me limité a hacer fue decirle: “Cuando coma zopilote (buitre), por favor, quítele las plumas”.

Al menos, la frase hizo que la gente se riera un poco y el tipo no volviera a soltar su esencia mientras estuvo en mi negocio.

La que mete comida a escondidas.

Esto si me molesta.

A la entrada de mi local tengo varios letreros en los que se prohibe fumar e introducir alimentos y bebidas.

Pues bien, llega una chica, paga por adelantado una hora y a los cinco minutos, escucho el típico crujido de bolsa de papas fritas. Inmediatamente me levanto de mi lugar y me acerco a la muchacha (que está como quiere, debo agregar) y lo primero que veo es una bolsa de papas sobre el mueble, peligrosamente cerca del teclado.

Tratando de ser cordial le aclaro a la muchacha que en este local no se puede introducir alimentos y que por favor guarde lo que está comiendo para cuando salga.

Educadamente, la chica asiente y guarda las papas en una pequeña mochila, a la cual no me explico como pudo meter la bolsa de papas por lo pequeña que es.

Volví a mi lugar de trabajo y al poco tiempo vuelvo a escuchar el sonido de la bolsita. Vuelvo a levantarme y vuelvo a sorprender a la susodicha llevándose a la boca un montoncillo de papas.

Le repito lo mismo que le dije con el añadido de que para la próxima me vería forzado a cerrarle la sesión y desalojarla del lugar. Con eso bastó para que el sonido de la bolsita no volviera a escucharse.

Pero… al poco tiempo de que la tipa se había marchado, me di cuenta que había vaciado el resto del contenido de la bolsa de papas sobre el teclado.

Desde entonces no la he vuelto a ver.

¿Me regala una?

Esta si me dio risa.

Entró un niño de unos 5 años aproximadamente acompañado de la que parace ser su mami (¡y qué mami!), la señora pide media hora y se sienta frente a la máquina, el niño permanece junta su mamá sin hacer ninguna travesura (se nota que está bien educado). En fin, pasa la media hora y por fin salen los dos. Entonces el niño me mira directamente a los ojos y me dice: “Que padres están sus compus, ¿Me regala una?” la señora y yo solo nos reímos.

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