Formateando una PC ajena.

Todos los que alguna vez formateamos una computadora sabemos lo que se debe hacer en estos casos. Por esa razón es que solo formateo equipos de mi propiedad.

Pero a finales del mes pasado hice un excepción (aunque no debí hacerla), el día 28 de diciembre vino una muchacha pidiéndome ayuda porque su computadora no quería conectarse a internet.

Normalmente me habría negado a atenderla, primeramente porque yo no me ocupo de computadoras ajenas; segundo, estaba de vacaciones; y tercero, no tenía ganas.

Pero me hacía falta un poco de dinero, y además, es una cliente frecuente en mi negocio, así que decidí que por una vez no me negaría.
Pues bien, la muchacha me dejó el equipo para que hiciera lo pertinente.

Lo primero que hice fue abrir la caja, ahí comenzó el calvario, y es que a esa computadora se veía que hace mucho no le hacían mantenimiento; tenía una capa de tierra que fácilmente llegaba a medio centímetro, por lo que me armé con una aspiradora para retirar todo el polvo acumulado durante tanto tiempo.

PC_suciaPreviendo la polvareda que se formaría, me tapé la boca y la nariz para evitar respirar el polvo y al momento de comenzar a sacar la tierra (acostumbro poner la aspiradora en reversa para que sople), el polvo formó una nube que cualquiera creería que alguien estaba aventando tierra al aire.

Después de retirar todo el exceso de polvo me dispuse a revisar a la “paciente”, ahí comenzó el segundo calvario. La máquina tardó más de diez minutos en iniciar Windows XP y otros tantos en mostrar el escritorio. Lo primero que vino a mi mente fue: “seguramente nunca la han desfragmentado”. Me fui directamente al desfragmentador y lo que era obvio apareció. Absolutamente todo el disco duro estaba fragmentado, no había ni una sola área, además de las vacías que no tuviera un archivo fragmentado. Además que casi la totalidad del mismo estaba ocupada y solo quedaba un miserable 20% de espacio en el disco de miserables 40GB, a penas suficiente para desfragmentar adecuadamente.

Hubiera puesto el programa a desfragmentar, pero el desfragmentador de Windows XP no es precisamente el más rápido para hacer esa tarea, así que descargué un desfragmentador que siempre uso en estos casos el “Auslogics Disk Defragmenter”, que ciertamente no es el mejor pero es más rápido que el predeterminado de Windows. Una hora y media después, el disco ya estaba en condiciones para trabajar; de haber puesto el desfragmentador de Windows, seguramente se habría llevado todo el día.

Como el verdadero problema era que la computadora no se conectaba a internet, empecé por buscar algún desperfecto en el sistema, lo que en windows no es raro. Sin embargo, no encontré nada, así que pensé que tal vez el problema estaba en el registro, así que tuve que echar mano de otro antiguo aliado, “Ccleaner”.

Cuando eché a andar el programa me sorprendió ver la cantidad de basura que había en el registro, 11513 registros dañados, la mayoría por programas que solo ocupaban espacio sin utilidad. Procedí a reparar el registro. Con eso la computadora ganó un poco en velocidad, pero aún era desesperante la lentitud de esta.

La computadora tenía tres navegadores: Internet Explorer, Mozilla Firefox y Google Chrome. Teniendo en cuenta le problema mencionado por la dueña, me dispuse a abrir uno por uno los navegadores, pero en ninguno logré conectarme, así que el problema tenía su causa en algún otro lado.

Aproveché que la máquina tenía un antivirus el “Panda Internet Security 2010 Pro” (seguramente crackeado) para ver si el problema era causado por algún virus, pero en el sistema no se detectó nada. Aunque tenía mis dudas, puesto que como la computadora no se podía conectar a internet, el antivirus no se actualizaba, lo que daba como resultado la posibilidad de que un virus no registrado o cualquier otra amenaza estuviera afectando al equipo.

Luego me puse a revisar entre los programas para ver si alguno de ellos podría intervenir en la conexión. Revisando desde programas de poker en internet, hasta software para programación, no encontré nada.

Ya hastiado de tanta búsqueda decidí que lo mejor era formatear (a final de cuentas para eso la llevaron), por lo que saqué un disco de Windows XP que no utilizaba desde hace años. Para mi desfortuna, descubrí que la charola del lector se queda pegada (otro contratiempo).

Después de remplazar el lector de discos por otro que afortunadamente tenía guardado, por fin pude poner el dichoso disco de Windows. Pero surgió otro problema. A la hora de querer formatear el disco duro, el programa me enviaba el mensaje de que el disco estaba dañado y no podía formatear.

Sin demora busqué un disco de Xubuntu de 32 bits, ya que el procesador de aquella computadora es un vetusto Pentium 4 de 2.8 GHz. Recordaba que había guardado un disco de Xubuntu 9.10 con el cual había instalado en la computadora de mi hermana, y me puse a buscarlo. Rápidamente lo encontré y lo inserté en el lector.

Después de una demora considerable, tenía funcionando Xubuntu 9.10 desde liveCD en la máquina. Me dispuse a crear una partición NTFS para hacer el respaldo de los archivos personales que había en Windows, lo cual tomó como 15 minutos (curiosamente los programas ocupaban más espacio que los archivos del usuario).

Ya habiendo respaldado la información, formateé la partición de Windows. Cerré Xubuntu y reinicié la computadora con el disco de XP en la lectora.

Inició el programa de instalación, por fin parecía que la cosa iba a terminar, pero no, como siempre, se presentó un contratiempo. Cuando ya parecía que el sistema se estaba instalando, aparecieron varios mensaje sobre un archivo faltante, lo que me extrañó, siendo que es un disco original, y en bastante buenas condiciones debo agregar, intenté en varias ocasiones hasta que el programa de instalación aceptó la orden y siguió su camino, pero la instalación se detuvo faltando 9 minutos para concluir. Para eso ya habían transcurrido casi 2 horas desde que puse el disco de Windows.

En aquellos momentos llegó un amigo y vecino mio, a quien en una ocasión le instalé XP en su máquina (ahora usa Ubuntu) y me dijo que no batallara más y le instalara Ubuntu a la máquina, total, ni siquiera se iban a dar cuenta. Lo que me parece algo muy cierto, pues en mi negocio hasta ahora nadie se ha dado cuenta que uso Xubuntu en los equipos. Véase Anécdotas de cibercafé – Mi windows raro.

Haciendo caso a la sugerencia de mi amigo, me puse a instalar Xubuntu, pero surgió otro problema (para variar), el LiveCD de Xubuntu 11.10 que yo tengo es para 64 bits, por lo que tuve que descargar el de 32 bits, por lo que mi actividad se detendría por alrededor de 30 minutos. Para mi fortuna solo pasaron 22 minutos, 20 de los cuales me dediqué a platicar con mi amigo. Cuando por fin me dispuse a instalar Xubuntu, descubrí que el programa de instalación no corría en la máquina. Así que tuve que tirarme otra media hora descargando el CD alternativo para ver si podía instalar de esa manera.

Cuando ya tuve el CD alternativo en mis manos, lo puse en la PC para ver si ya todo caminaba como debía.

Gracias a MONESVOL, todo estaba funcionando, el sistema se instaló sin mayor complicación y me dispuse a restaurar los archivos en la partición Ext3 de Xubuntu. Volví a iniciar en el LiveCD para redimensionar la partición y listo, ya solo quedaba instalar las actualizaciones y algunos programas que se necesitaran como son: Emesene y LibreOffice.

El equipo estuvo listo solo unos minutos antes de que llegaran por él. Le expliqué a la dueña todas las peripecias por las que tuve que pasar para solucionar el problema y el cambio de sistema en la máquina. A lo que se mostró accesible, ya que, según ella, solo utiliza la computadora para entrar a internet y Facebook.

Solo espero que el cambio no suponga un trastorno muy grande para ella, pues es bien sabido por todos que la resistencia puede ser férrea.

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