Anécdotas de cibercafé.

Si alguien es dueño o encargado de un cibercafé, seguramente habrá tenido alguna experiencia similar a las que siguen.

1. El experto que no sabe nada y además queda debiendo.

Hace apenas un mes, en medio de las vacaciones de verano, vino a mi local un tipo, ciertamente con cara de no tener idea de nada. Me pidió una máquina. Ciertamente el sujeto se veía, además de un idiota, muy seguro de sí mismo, y me lo hizo saber.

―Préstame una máquina.

―No las presto, las rento ― le dije.

―Bueno, réntame una máquina.

―Ok. ¿Cuánto tiempo?

―Media hora.

Desbloqueé el equipo, con la esperanza de que el sujeto se fuera a sentar y no me molestara más. Pero ¡oh no! no se fue a sentar, primero me dio un discurso de lo “chingón” que era para las computadoras y de que él sabía mucho de eso. Yo solo pensé “mmmh otro presumido”, porque no es el primero que llega presumiendo y luego se va con el rabo entre las patas, y eso que yo no soy ningún experto. Y por si fuera poco, hasta me dijo que podríamos ser amigos y que nos beneficiaríamos el uno del otro. “Se me hace que no” pensé.

En fin, para no hacer el cuento largo, el tipo, después de 10 minutos de nada, por fin se fue a sentar frente a la computadora (que por cierto, tuve que reiniciar el tiempo).

Aquí empieza lo curioso.

Como muchos saben, yo uso ubuntu, y en mis equipos, tengo el sistema disfrazado para que se parezca a Windows 7 y no tener problemas con la clientela (aunque siento que me traiciono a mi mismo).

El supuesto “experto”, me preguntó que si donde abría “el interné”, obviamente, al tener disfrazado Ubuntu como si fuera Windows, el icono de Firefox aparece con una enorme “E” azul. Mi primer pensamiento fue “y él es un experto”, me levanté de mi silla y me dirigí hacia el tipo para decirle donde abrir “el Internet”. por fin se abrió Firefox y me regresé a mi lugar.

No pasaron ni 30 segundos cuando ya me estaba hablando de nuevo.

―Oye, cabrón ― y todavía se tomaba la libertad de cabronearme. ― donde pongo el youtube.

“¿Dónde más va a ser?” pensé.

Me volví a levantar de mi lugar, y fui a ponerle la bendita página, para ese momento comencé a sentir un extraño odio por ese tipo. Porque ¿Cómo es posible que se diera de “chingón para las computadoras”, si ni siquiera sabía como entrar en youtube.

Pasó la media hora y el sujeto me pidió otra media hora, y después otra, el caso es que estuvo casi dos horas viendo videos, supongo que de música, porque se puso a cantar como si fuera la última persona en el mundo. Para ese momento ya estaba “hasta la madre” de ese güey. Porque seamos sinceros, eso no es lo más agradable del mundo. Pero lo dejé, al cabo que el negocio estaba vacío en esos momentos.

Al poco tiempo, se cayó, para mi alivio, porque se había puesto a cantar canciones de banda, y soy sincero al decir que la banda me repatea en los cojones.

Pero aquél silencio era muy sospechoso, así que haciendo uso de VNC me dispuse a ver que hacía el tipo. Y por el silencio se imaginarán lo que el imbécil estaba viendo.

En la pantalla estaba un video de porno fuerte (el cual no describiré porque puede que algún mojigato lea esto), obviamente eso no me gusto, porque cabía la posibilida que algún cliente (pero si es un niño) llegara y viera eso. Por tanto, me dispuse a cerrar la página.

Un “¡Chingada madre!” se escuchó en el lugar. y ahí comenzó mi desquite con el sujeto.

Volvió a abrir la página, y volvió a poner el video, obviamente la volví a cerrar. Otro “¡que la chingada!” se escuchó. Volvió a abrir la página, naturalmente la volví a cerrar. Para ese momento ya el enojo se me había pasado y me reía en silencio del tipo.

En fin, al cabo de 2 horas se levantó, llegó a la caja y al momento de pagar, me salió con que no traía completo el dinero. Ahí fue cuando exploté.

―Te pasaste 2 horas frente a la computadora ¿y ahora me sales con que no traes completo el dinero? ― le pregunté.

―Es que no me di cuenta y se me pasó la mano. ― todo dicho con una tranquilidad, como si fuera lo más normal del mundo.

―Oye no. ¿Acaso crees que el internet me lo regalan? ― le dije irritado.

―Pero nomás es media hora lo que te voy a deber. ― cínico además.

―Ya que, pero para la próxima me pagas por adelantado.

El caso fue que el sujeto se fue y volvió al siguiente día. Para mi buena fortuna me pagó lo que me debía, pero me volvió a quedar debiendo. así que para zanjar el asunto, me propuse asustarlo y desterrarlo de mi negocio.

La última vez que vino, me puse a mover las ventanas de un lado a otro, abrir y cerrar programas y lo mejor de todo, escribirle un mensaje con su nombre. Obviamente el tipo se fue asustado. Es más, ni siquiera me pagó, pero eso ya no importaba, porque mi pago fue la cara de susto que llevaba.

2. ¿Me ayudas a escribir una cartita?

La segunda anécdota me ocurrió cuando un señor de aproximadamente unos 40 a 50 años, llegó a mi local pidiéndome una computadora para redactar una carta que le iba a enviar a alguien importante. “Por supuesto” le dije y desbloqueé una de las máquinas.

El señor se fue a sentar en la máquina y después des varios minutos me habló.

―Oye hijo ¿Me puedes ayudar?

―Si señor ¿qué sucede?

―Es que quiero escribir una cartita y no se como le hago.

“Eso me hubieras dicho desde un principio”. Pensé.

Total, que la dichosa cartita resultó en casi 10 páginas. Y en un coraje que me tuve que tragar.

3. Los niños mañosos.

Esta es la más reciente.

Hace aproximadamente media hora se fueron dos niños de entre 11 y 13 años, los dos muy nerviosos por lo que les contaré a continuación.

Cuando llegaron traían cara de no sé nada. Es más, parecían gatitos perdidos en medio de la calle. Hicieron lo de rutina, me pidieron una máquina cada quien, el más chico media hora y el mayor (de piel muy morena) 1 hora. Todo bien hasta ese momento.

Como a los 15 minutos llegó una muchachita de aproximadamente 15 años, buscando servicio, desgraciadamente, mi negocio no cuenta con muchas máquinas (solo dos y la que yo uso), por lo que le advertí que ambas máquinas estaban ocupadas, pero que a la número 1 ya solo le quedaban 15 minutos, aceptó.

Poco tiempo después llegó otra muchachita, de la misma edad que la otra, y mientras platicábamos, el tiempo de la número 1 se agotó, por lo que la chica que llegó primero se dispuso a ocupar la computadora disponible. 20 minutos después, la chica se desocupó, pagó y se fue. Con eso, la otra muchacha se dispuso a trabajar en la máquina. Después de 45 minutos, la chica se despidió mientras los otros dos niños seguían en la máquina 2, pero todo en silencio, lo cual me pareció sospechoso, por lo que me dispuse a echarle una mano al VNC.

Para mi sorpresa, los dos escuincles estaban viendo una página porno. Eso no habría sido mayor problema, pero son dos menores de edad, y aunque yo también empecé en mis andadas a su edad, pues se supone que este es un negocio decente y no podía permitir que hicieran tal cosa. Así que cerré el navegador y les envié un mensaje diciéndoles que aquí no se permite ver porno.

Solo pasaron 10 segundos cuando los dos chamacos salieron blancos, como si hubieran visto un fantasma, agradecieron y salieron. Ya afuera del local, solo pude ver cuando los dos salieron corriendo como alma que lleva el diablo.

Seguramente habrá muchas otras anécdotas que contar, por lo que espero que esta solo sea la primera de muchas entradas.

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