La hazaña del comandante Parra.

Para quienes tenemos menos de 50 años de edad, es posible que no conozcamos la historia del asesino William Cook, y el momento y lugar de su captura por parte del comandante Luís Parra Rodríguez en Santa Rosalía, Baja California Sur.

Para que luego no digan que no han acontecido sucesos importantes en nuestra localidad. Aquí la crónica de lo acontecido en el ya lejano año de 1951:

Hazaña del comandante Parra.

Por: Álvaro Cota.

Sin duda que los hechos y personajes que a través de los años se vieron involucrados en el devenir histórico de nuestro pueblo Santa Rosalía, han sido abundantes y en alguna de las veces por tratarse de casos poco comunes sobre todo para quienes les tocó vivirlos, quedan inscritos en sus memorias por siempre. Así debió ocurrir con el suceso del año 1950 con la detención de un sujeto de origen norteamericano que arrastraba una larga cadena de crímenes perpetrados en su propio país.

William Edward Cook, quien al principio de su azarosa existencia fue conocido con el nombre de Billy Cook, nacido un 23 de diciembre de 1928 en el poblado de Joplin Missouri Estados Unidos. Hijo de Delbert Paul Posey, procreado por su madrastra, la señora Tryone Posey. Se podía identificar por un tatuaje que lucía en su mano izquierda con una leyenda que decía “hard luck” y por una leve deformidad en uno de sus párpados que no alcanzaba a cerrar de todo.

A la edad de cinco años, Billy Cook y sus hermanos quedaron huérfanos al fallecer a quien consideraban su madre; poco tiempo después su padre los abandona a su suerte dentro de una vieja mina, sin prácticamente nada para que subsistieran. Pero no pasó mucho tiempo para que las autoridades los rescataran y decidieran enviarlos a distintos albergues.

Fue así como después de ver desintegrada a su familia, la vida de “Willy” Cook ― otro mote ― transcurrió vagando a la deriva sin timón ni dirección. A muy temprana edad inició su carrera delictiva siendo arrestado por vagancia a los 12 años por lo que un juez lo confinó a un reformatorio.

Pasados cinco años de su primera experiencia, nuevamente a los 17, nuestro personaje es detenido por la policía y recluido en una celda de la prisión Estatal de Missouri bajo el cargo de asalto a mano armada con bat de béisbol.

Tras cumplir su sentencia el prisión, fue puesto en libertad y poco después Cook tomaba la decisión de regresar a Joplin su lugar de nacimiento, donde después de varios años sostiene un reencuentro con su padre.

Aunque no existen antecedentes de este acercamiento, podríamos imaginar que aquella conversación no fue del todo cordial. Lo único que se sabe es que Billy le dijo a Delbert Paul Posey su padre, que su vida no era la misma y que ahora tomaba la decisión de vivir por y para las armas pero también la vagancia.

Pasados unos días, Billy Cook viaja hacia el desértico poblado de Blythe, California donde por la necesidad de obtener algunos dólares, encontró empleo como cantante y al mismo tiempo como lavaplatos de un restaurante de aquel lugar.

Para fines del mes de diciembre, Cook se dispuso a abandonar aquel poblado para dirigirse hacia el Paso Texas, donde permaneció algunos días; siendo en este lugar donde por primera vez conseguía un arma de fuego, un revolver calibre 32.

A partir de ese entonces William Edward Cook ya enfilaba a transformarse en uno de los más feroces y despiadados criminales de la unión americana.

De acuerdo a datos históricos, la primera víctima de Cook fue un mecánico de apellido Archer a quien asaltó con pistola en mano para robarle 100 dólares y lo obligó a meterse a la cajuela de su propio auto. Luego de algunas horas de intentarlo, Archer logra abrir el maletero del vehículo y escapar de su captor unos kilómetros delante de donde lo había secuestrado.

Poco tiempo después de conducir el auto robado, Willy Cook tiene que abandonarlo al quedarse sin combustible en plena carretera entre Caremore y Tulsa, Texas.

Más no pasa mucho tiempo para que repita su hazaña con una familia que viajaba por la carretera. Se trataba del agricultor Carl Mosser de Illinois que se dirigía a Nuevo México.

Mosser viajaba con su esposa, sus tres hijos y su perro cuando Cook los obliga a detenerse y aborda el auto y luego de perpetrado su múltiple crímen, Cook condujo el auto hasta una mina abandonada que conocía su ubicación y en ese lugar arrojó los cuerpos de la familia para después continuar huyendo.

Después de tan terrible matanza, Cook continuó con su carrera delictiva y poco después secuestra a Robert Dewey, un automovilista de Seattle, Washington quien al igual que Mosser había hecho el intento de desarmarlo sin lograrlo lo cual enfureció al demente criminal que acabó disparándole en la cabeza. Y una vez que se desvía en el auto unos kilómetros en el desierto, se deshace del cuerpo arrojándolo a una zanja.

Luego de tener conocimiento las autoridades norteamericanas de los crímenes cometidos por Billy destacando el asesinato de una familia completa, ya en todo el sudoeste de Estados Unidos se lanzaban a la casa de este asesino.

Así, el también conocido como “El cocinero”, continuó con su carrera criminal hasta que días después vuelve a la escena manteniendo de rehenes a dos hombres, James Burke y Forrest Damron que estaban de viaje de cacería y Cook es obligó a conducir a través de la frontera con México. De esta forma tras varias horas de camino, buscando evadir la vigilancia policiaca por la carretera, finalmente arriba a Santa Rosalía con sus rehenes.

Existen testigos que aseguran que William Cook, mientras estuvo en Santa Rosalía conservó a sus dos rehenes y cuando se llegaba la noche se retiraban a descansar a una mina abandonada manteniendo atados a sus prisioneros.

De acuerdo con fuentes de crédito, Cook y sus dos obligados acompañantes permanecieron entre dos y tres días en el puerto.

Sin embargo desde unos días antes existía ya el reporte de las autoridades de Estados Unidos en relación a la posibilidad de que este criminal pudiera pasar por Santa Rosalía por lo que las autoridades locales ya tenían conocimiento del caso.

Fue así como a eso de las 4:00 ó 5:00 de la tarde en uno de esos días de verano de 1951, Willy Cook había decidido bajar a comer al centro, eligiendo al restaurant del chino Arturo en el hotel central, siempre acompañado de sus rehenes. Este fue el día en que se decidió la suerte del “cocinero”, pues a temprana hora, un avión del gobierno de los Estados Unidos sobrevolaba la población; y en cuestión de minutos ya un gran número de elementos policiacos rodeaban el área aledaña al restaurant, listos para entrar en acción.

Para esos momentos ya William Cook se hallaba instalado dentro del local y la policía se preparaba para irrumpir en el interior. Más ya el comandante José Luís Parra tenía decidido entrar solo y arrestar al criminal.

Esperó un tiempo prudente y finalmente se acercó discretamente a Cook y con un rápido movimiento sacó su arma encañonándole por la espalda, haciéndole saber que estaba bajo arresto por los cargos de asesinato, secuestro y todo lo que resultara.

Nunca se imaginó William Cook que al hacer presencia en Santa Rosalía su carrera delictiva llegaba a su fin.

Una vez detenido por el comandante Parra, este lo entregó a las autoridades norteamericanas y del Restaurant Central derectamente fue trasladado hasta el helicóptero que aguardaba.

William Cook fue llevado a la frontera de Tijuana y ahí pasó a custodia de agentes del FBI. Una vez puesto a disposición de los tribunales del estado de California, fue declarado culpable y codenado a muerte a los 23 años de edad en la cámara de gas en la prisión de San Quintin el día 12 de diciembre de 1952. lo que pareció extraño de los tribunales fue que a William Cook los juzgaran por el asesinato de Robert Dewey sin tomar en cuenta que masacrara a la familia Mosser y hasta su perro.

Tras haber sido ejecutado en la cámara de gas, el cuerpo de William Cook fue trasladado a Joplin Missouri para los servicios funerarios y sepultado en el cementerio de la iglesia de La Paz.

¿Quién fue Luís Parra Rodríguez?

Con el fin de ilustrar un poco al lector en relación con la nota que refiere el arresto del asesino serial William Cook en Santa Rosalía por parte del entonces comandante de la policía local Luís Parra Rodríguez, sobre este personaje que jugó el papel principal en esta historia, les presentamos algunos datos relacionados con su persona.

Parra Rodríguez era nativo del estado de Sonora y siendo muy joven llegó a nuestro estado. Por espacio de varios años sirvió al gobierno federal en el servicio de ruta postal cubriendo de Santa Rosalía hasta Ensenada siendo muy reconocido en el desempeño de esta empleo hasta hoy. Más cuando solicitó se le aumentara su sueldo, las autoridades encargadas de esa dependencia federal se lo negaron, motivo por el cual decidió renunciar a este empleo.

Poco después, sabiendo de la necesidad de comunicación que se tenía para unir comunidades distantes dentro del territorio bajacaliforniano, se dio a la tarea de establecer su propio ruta recorriendo de sur a norte la península a través de estrechos y solitarios caminos de terracería, entre valles y montañas que tomaban varios días recorrerlos, además de tener que soportar las inclemencias de los climas extremos del invierno y el verano. Semejante proeza con el tiempo hizo de Luis Parra un experto conocedor de la ruta por ser un viajero incansable manteniéndose en el oficio durante mucho tiempo.

Para febrero de 1951, Luís Parra ya ostentaba el cargo de comandante de la policía de Santa Rosalía durante la gestión del delegado de gobierno, capitán primero Heliodoro López Espinoza. Y así fue como a ambos en su momento les correspondió llevar a cabo la captura del celebre y feroz asesino serial norteamericano William Edward Cook. También por aquél día de instensa movilización policiaca tuvieron participación, conocidos elementos de la policía local como, José Rafael Cosío Beltrán conocido como “el verde”, Anastacio Picasso “el tachito”, Cirpiano Estrada, José María Fisher, Jesús Cota Olachea “el Tenampa”, Daniel Salvatierra, Asencio Rodríguez “don Chon”, Cayetano Moreno, Manuel Gerardo, Pedro Romero “Pedro sin maneas” y Arturo Puppo.

El gobierno de Estados Unidos le concedió una distinción a don Luís Parra otorgándole una placa de policía internacional que le servía como pasaporte y le acreditaba para entrar y salir del país vecino.

En 1952, Luís Parra Rodríguez se trasladó a la ciudad de La Paz donde permaneció hasta sus últimos días, y al morir fungía como comandante de policía en esa ciudad.

Texto extraído de la página 28 de la revista mensual “Compás”, Número 214, 31 de mayo de 2010.

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