LOS PARIENTES INCÓMODOS

Estarán de acuerdo que a muchos nos ha pasado que cuando menos lo esperas, llegan a tu casa parientes que hace mucho o nunca en tu vida has visto, pues a mi me sucedió hace casi un año.

Llegaron como cualquier pariente que llega a tu casa, “Buenos días, ¿Cómo has (han) estado?, fíjate que mi mujer y yo estamos buscando una casa en renta, pero no hemos encontrado y quisiera pedirte si nos dejas quedarnos unos días en lo que encontramos una”.

Como buen familiar que eres, le das de buena gana la oportunidad de hospedarse en tu hogar a ese pariente necesitado; claro que tu pariente (primo, tío, hermano, etc.) viene acompañado de su mujer, que a simple vista no supera tu propia edad. Por aquél entonces yo tenía la edad de 22 años y la mujer de en este caso mi primo no pasaba de los 20 al igual que él.

Se preguntarán, ¿Por qué diablos menciona este idiota a la mujer de su primo? ¿Acaso se la quería tirar? La respuesta es no, yo no tengo tan malos gustos; la menciono porque lo acontecido durante esa larga semana es como para morirse de coraje (por lo menos en mi caso) y ella es el centro de todo mi mal humor.

Los primeros dos día la situación fue como si mis parientes no hubiesen estado en mi casa, y literalmente no estuvieron en casa durante esos dos días pues habían salido a buscar morada, los problemas comenzaron el tercer día cuando la mujer de mi primo el cual es 2 años menor que yo, se quedó sola con nosotros (yo vivo en casa de mis abuelos), y comenzó a hablar como si estuviera poseída; esa mujer habla hasta por los codos y es metiche con relación a todo lo que sucede a su alrededor, y eso no me gusta.

Aquél tercer día de su visita a nuestra casa, aquella mujer, si a eso se le puede llamar mujer, comenzó a hacer preguntas acerca de como se vive en nuestro hogar, o que íbamos a hacer de comida, bueno… cualquier cosa, incluso en una ocasión en la cual venía saliendo del baño, aquel engendro comenzó a hostigarme con preguntas de si iba a salir a alguna parte, con quien, cuanto tiempo estaría fuera y un montón de cosas que ni siquiera mi madre me pregunta. En ese momento sí sentí mucho coraje, pues a mí (como a todos, quiero creer) no me gusta que se metan en mi vida privada; así que le contesté: “¿Acaso eres mi madre para que te diga a dónde voy?”

Recuerdo que peló sus ojos y no supo que contestarme, y yo sin decir nada más entré a mi cuarto sonriendo porque había hecho la mala acción del día. El resto del día transcurrió normalmente quiero creer; ya en la noche cuando regresé, mi primo había vuelto y la mujercita se había calmado.

Al día siguiente, me levanté alrededor de las 9:00 A.M. (estaba de vacaciones), salí de mi cuarto, y caminé por el pasillo que me conduciría hasta el baño, y antes de entrar me fijé que aquellos dos habían dormido en la sala, y dije: “OK no hay mas cuartos en la casa, a parte del de mi abuelo y abuela.” entré al baño, hice mis necesidades fisiológicas y me bañé, eso me tomó alrededor de media hora, cuando salí, mi primo y su esposa seguían dormidos en el suelo de la sala, volví a mi habitación y me dispuse a pasar un día de paz y tranquilidad escuchando el rock más pesado que pudiera encontrar en mi computadora, y así fue.

Eran alrededor de la 1:00 P.M. de aquél día y decidí que tenía que comer algo o moriría de inanición pues no había desayunado, cuando salí de mi cuarto, no lo podía creer, aquella parejita aún no se levantaba, y la verdad eso no me gustó mucho, pues daba muy mal aspecto, sobre todo porque en mi casa recibimos visitas muy a menudo; basta decirles que el hambre se me quitó y la reemplazó un sentimiento de indignación que no estaba dispuesto a tolerar, pues mi abuela es quien limpia la casa (yo también ayudo) y no había podido hacerlo porque los señores no se habían levantado aún. Me dí media vuelta y regresé a mi cuarto y lo primero que hice fue subir todo el volumen a la música, el ruido era insoportable incluso para mi, pero la medida tuvo el efecto deseado y por fin los bellos durmientes despertaron, eso sí, muy asustados por la forma tan repentina en que fueron sacados de sus sueños.

Salí de mi habitación y fui a buscar una escoba con la cual sacar la tierra acumulada durante el día anterior, cuando regresé del exterior de la casa, la pareja ya no estaba, se habían ido, pero los muy “huevones” ni siquiera se dignaron a levantar las sábanas que les habíamos prestado para que no durmieran sobre el piso desnudo.

Levanté el tendido que habían dejado tirado las visitas y me dispuse a hacer un poco de limpieza. Pasaron aproximadamente tres horas desde que las visitas se fueron hasta que volvieron, para entonces la comida ya estaba lista, y como si hubieran sido dueños de la casa, los grandes señores se sentaron a la mesa sin si quiera ofrecer un poco de ayuda aunque sea en muestra de agradecimiento, solamente llegaron, la mujer hizo un comentario “Que bueno que la comida ya está lista” y se sentaron, inmediatamente noté un dejo de enojo en mi abuela.

Por lo regular en mi casa comemos alrededor de las 3 y 4 de la tarde, pero aquellas personas cambiaron nuestro horario y mi abuela tuvo que cocinar la comida antes de las 12 del día porque no teníamos idea de a que hora comían aquél par de visitantes. Así pues acabaron con la comida a pesar de que mi abuela tiene la costumbre de cocinar en abundancia, dejándonos con solo las sobras, cosa que colmó la paciencia de la madre de mi madre y no pudiéndose contener más, hizo el comentario: “Se acabó la comida y no alcanzamos” entonces mi primo se encogió de hombros pero la muy descarada de su mujer contestó como si el comentario no le hubiera afectado “Es que pensamos que solo habían hecho comida para nosotros y por eso nos la comimos toda” “Sí como no” pensé, tal cantidad de comida era suficiente para alimentar a personas comunes y corrientes como nosotros pero parece que aquel era más que común, aunque fueran de lo más corriente.

Decidí encerrarme en mi cuarto para no ser descortés y contestarle con lo que se merecía para evitar causar problemas con discusiones estúpidas; Desde ese momento decidí que mientras aquél par estuviera en mi casa les haría la vida imposible para por lo menos no explotar y calmar mi sed de venganza… y vaya que lo hice. Los siguientes días transcurrieron entre idas y venidas de aquellos en busca de casa por lo cual fueron días un poco más tranquilos y sin tantos disgustos; además cada que podía aprovechaba para asustar a mi “querida prima”, ya sea azotando las puertas o gritando como loco en la soledad de mi habitación, escuchar rock pesado e inventar absurdas historias de que en mi casa se aparecían extrañas cosas de día y de noche, claro que lo metiche y exasperante no se le quitó, dándome a entender que ese “niña” no es muy inteligente y lo peor ocurrió el penúltimo día de su estancia.

Era domingo y hacía calor, la temperatura a la sombra era de 48° (por estas zona la temperatura puede subir hasta los 53° en verano) por lo cual mi humor no era el mejor, y había decidido dejar encendido el aire acondicionado de mi habitación para que se refrescara, mientras salía a visitar a mis padres que viven a una cuadra de la casa de mis abuelos; en fin, me fui y estuve fuera de casa por cerca de cuatro horas, dando tiempo suficiente para que mi habitación tuviera una mejor temperatura por que recuerdo que aquél día me dolía la cabeza a causa del calor y temía colapsar.

Cuando regresé a mi casa, noté a mi abuela un tanto extraña, no supe por qué, pero tampoco hubiera querido enterarme, me dirigí a mi habitación y cual va siendo mi sorpresa encontrar a la esposa de mi primo muy a gusto disfrutando del aire acondicionado, normalmente eso no hubiera pasado de solo un pequeño disgusto ya que aquél día hacía demasiado calor, pero lo que me colmó la paciencia fue ver como aquella mujer se entretenía moviendo mis pertenencias, cosa que nunca me ha gustado, ya que yo siempre soy muy respetuoso de las cosas ajenas y generalmente trato de no tocar nada que no sea mío. Pero aquella méndiga vieja estaba manipulando como dueña y señora mis cosas, lo que me enfureció, me disponía decirle algo cuando me voy dando cuenta que incluso se había dado el lujo de encender mi computadora y esculcar entre los archivos guardados, cosa que me encolerizó aún más, haciéndome explotar. “¿Acaso eres dueña de esta casa como para andar revisando mis cosas?” le pregunté, a lo que me contestó “Es que como vi que tenías todo desordenado pensé que querrías que te limpiaran tu cuarto” Eso fue el colmo.

Había bajado de mis paredes cuadros de dibujos hechos por mí mismo para adornar mi espacio privado, había revuelto una colección de autos clásicos en miniatura que me llevó varias horas en organizar y por si fuera poco había cambiado la apariencia del S.O. de mi ordenador dándole un aspecto por demás horrible. “Sí no quieres terminar con un trauma mental es mejor que te vayas saliendo de este cuarto” Estaba tan enojado que yo creo que el tono de mi voz fue demasiado tenebroso (Por lo regular cuando me enojo tengo la involuntaria costumbre de agravar mi ya de por sí grave voz, dándole un aspecto tétrico), recuerdo alegremente como aquella estúpida muchachita salió reparando de mi habitación, e inmediatamente salí de allí y me dirigí hacia afuera, para escuchar como me acusaban con mi abuela, claro que mi abuela le dijo que yo siempre me pongo así cuando alguien toma mis cosas sin permiso (¿Y quién no?) especialmente cuando has vivido durante dos años en un internado rodeado de puros desconocidos en donde tus cosas desaparecen con inusitada frecuencia provocándote una terrible necesidad por proteger tus cosas.

Por fin al día siguiente se fueron dejándonos en paz, cosa que agradecí porque la verdad ya estaba harto de todo eso; desde entonces, cada vez que salgo de casa dejo cerrada la puerta de mi cuarto con seguro y mi computadora con una contraseña de por lo menos 10 caracteres; no sea que en cualquier momento decidan regresar.

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